ESPEJOS Al salir de la ducha la mujer se detiene frente al espejo del baño para ejercitarse en su actividad preferida: contemplar su propio rostro. Siempre ha sido hermosa y siempre lo ha sabido. Su belleza, es más que cualquier otra cosa, un arma con la que se enfrenta al mundo cada día. Urgida por la hora, va hacia el dormitorio donde, sobre la lujosa cama, está la muda de ropa que cada día, antes de ir a su trabajo, elige y combina con meticulosidad. A pesar de disponer de poco tiempo para vestirse y maquillarse (ella es puntual hasta la manía), al quitarse la bata de baño, emplea algunos minutos en complacerse con la imagen de cuerpo entero que le devuelve el espejo que ocupa el ángulo mejor iluminado del cuarto. Dos cosas hay de las cuales está abiertamente orgullosa: por un lado su belleza de líneas clásicas desde el cráneo hasta los pequeños pies, y por otro lado su capacidad de definir, catalogar y rotular a sus semejantes, con juicios ...
¡Ay! Cuando lo trajeron de nuevo, pobrecito, era como un muñeco de trapo. Era y a la vez no, mi Daniel, a quien yo quería con todas las fuerzas de mi corazón y mis garras. Su cara había perdido el color, y su cuerpo antes tan sano y tan inquieto, se quedaba ahora en la posición que lo pusieran. Para ese momento, a Rafa y a mí ya nos había sido encomendada la misión de cuidar de él durante los mil cien días que tenia para estar así. Sabido es que, desde que hace milenios, se nos confía a nosotros los gatos, tareas tan o más importantes que ésta. Pero yo, en todas mis misiones anteriores nunca había tenido que compartir responsabilidades con alguien como Rafael, esa especie de fantasma, que se sienta a su cabecera o lo sobrevuela o si quiere, lo traspasa. Nunca se me ocurrió investigar un poco, mirar debajo de la sábana que lleva puesta. ¿A quien le importa el sexo de los ángeles? A los gatos no, a mí no. A mí solo me importa, aparte de mi misión, mi gatita y sus aullid...
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