CUENTO: ESPEJOS
ESPEJOS Al salir de la ducha la mujer se detiene frente al espejo del baño para ejercitarse en su actividad preferida: contemplar su propio rostro. Siempre ha sido hermosa y siempre lo ha sabido. Su belleza, es más que cualquier otra cosa, un arma con la que se enfrenta al mundo cada día. Urgida por la hora, va hacia el dormitorio donde, sobre la lujosa cama, está la muda de ropa que cada día, antes de ir a su trabajo, elige y combina con meticulosidad. A pesar de disponer de poco tiempo para vestirse y maquillarse (ella es puntual hasta la manía), al quitarse la bata de baño, emplea algunos minutos en complacerse con la imagen de cuerpo entero que le devuelve el espejo que ocupa el ángulo mejor iluminado del cuarto. Dos cosas hay de las cuales está abiertamente orgullosa: por un lado su belleza de líneas clásicas desde el cráneo hasta los pequeños pies, y por otro lado su capacidad de definir, catalogar y rotular a sus semejantes, con juicios ...
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