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Mostrando entradas de 2020
CUENTO: LOS GUARDIANES
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¡Ay! Cuando lo trajeron de nuevo, pobrecito, era como un muñeco de trapo. Era y a la vez no, mi Daniel, a quien yo quería con todas las fuerzas de mi corazón y mis garras. Su cara había perdido el color, y su cuerpo antes tan sano y tan inquieto, se quedaba ahora en la posición que lo pusieran. Para ese momento, a Rafa y a mí ya nos había sido encomendada la misión de cuidar de él durante los mil cien días que tenia para estar así. Sabido es que, desde que hace milenios, se nos confía a nosotros los gatos, tareas tan o más importantes que ésta. Pero yo, en todas mis misiones anteriores nunca había tenido que compartir responsabilidades con alguien como Rafael, esa especie de fantasma, que se sienta a su cabecera o lo sobrevuela o si quiere, lo traspasa. Nunca se me ocurrió investigar un poco, mirar debajo de la sábana que lleva puesta. ¿A quien le importa el sexo de los ángeles? A los gatos no, a mí no. A mí solo me importa, aparte de mi misión, mi gatita y sus aullid...
CUENTO: LA ROSA
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Rosa tiene una vivienda que le dieron después de pasar años disparándole al río en los inviernos. Le dicen La Gorda y se le aplica, pero yo, aparte de no gustarme llamar a la gente por nombretes, la aprecio demasiado como para hacerlo. A ella no le importa. Con Rosa nos conocemos desde la escuela, todavía queda mucho en ella de aquellos cachetes colorados y rulos pardos cuyas alegres carcajadas poblaban el salón y los recreos. Es empleada municipal, barrendera para más datos, trabajo que consiguió con una abogada por la cual hizo campaña política y de a poco ha ido arreglando la casita, hasta dejarla de modo que entrar a ella, es como meterse entre sábanas limpias. Estuvo casada con un tal Fagúndez, muy borracho, y con el que se las vio negras. Decidió abandonarlo cuando se dio cuenta que no era mujer para los puños de nadie y desde entonces no necesita ni quiere más trato con machos , como dice ella, como no sea para algún desahogo que toda verdadera mujer debe tener de vez en cu...
CUENTO: ESPEJOS
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ESPEJOS Al salir de la ducha la mujer se detiene frente al espejo del baño para ejercitarse en su actividad preferida: contemplar su propio rostro. Siempre ha sido hermosa y siempre lo ha sabido. Su belleza, es más que cualquier otra cosa, un arma con la que se enfrenta al mundo cada día. Urgida por la hora, va hacia el dormitorio donde, sobre la lujosa cama, está la muda de ropa que cada día, antes de ir a su trabajo, elige y combina con meticulosidad. A pesar de disponer de poco tiempo para vestirse y maquillarse (ella es puntual hasta la manía), al quitarse la bata de baño, emplea algunos minutos en complacerse con la imagen de cuerpo entero que le devuelve el espejo que ocupa el ángulo mejor iluminado del cuarto. Dos cosas hay de las cuales está abiertamente orgullosa: por un lado su belleza de líneas clásicas desde el cráneo hasta los pequeños pies, y por otro lado su capacidad de definir, catalogar y rotular a sus semejantes, con juicios ...